La periostitis tibial es una de esas lesiones que veo con mucha frecuencia en mi consulta, especialmente entre corredores y deportistas que realizan actividades con impacto repetitivo. Se trata de una dolencia que puede resultar muy limitante si no se trata adecuadamente, pero que con un abordaje correcto suele tener muy buen pronóstico.
Qué es exactamente la periostitis tibial
El periostio es una membrana de tejido conectivo que recubre los huesos. Cuando hablamos de periostitis tibial, nos referimos a la inflamación de esta membrana en la tibia, el hueso principal de la pierna. Esta inflamación se produce típicamente en el borde interno de la tibia, en su tercio medio o inferior.
La causa principal es la sobrecarga repetitiva sobre el hueso. Los músculos que se insertan en el periostio tiran de él de forma constante durante la actividad deportiva, generando microtraumatismos que, cuando no hay tiempo suficiente de recuperación, acaban produciendo la inflamación característica de esta lesión.
Quién tiene más riesgo de padecerla
En mi experiencia, los deportistas más afectados son los corredores, especialmente aquellos que han incrementado recientemente su volumen o intensidad de entrenamiento. También es frecuente en personas que inician la práctica deportiva tras un periodo de inactividad, en atletas que entrenan sobre superficies muy duras o en quienes utilizan un calzado inadecuado.
Otros factores que predisponen a esta lesión incluyen alteraciones biomecánicas como el pie plano o cavo, desequilibrios musculares, déficit de flexibilidad en la musculatura de la pantorrilla y técnica de carrera deficiente.
Síntomas que deben alertarte
El síntoma principal es el dolor en la cara interna de la tibia. Al principio, este dolor aparece al inicio de la actividad deportiva, mejora con el calentamiento y puede reaparecer al finalizar el ejercicio. Esta es la fase inicial, y si se ignora, el cuadro progresa.
En fases más avanzadas, el dolor persiste durante toda la actividad e incluso puede aparecer en reposo o con las actividades de la vida diaria. A la exploración física, encuentro sensibilidad al presionar el borde interno de la tibia, pudiendo palparse en ocasiones una zona engrosada o inflamada.
Es importante distinguir la periostitis de otras patologías más graves como las fracturas por estrés o el síndrome compartimental, que requieren un manejo diferente.
Cómo realizamos el diagnóstico
El diagnóstico de la periostitis tibial es fundamentalmente clínico. En la consulta realizo una historia clínica detallada preguntando por el tipo de actividad deportiva, los cambios recientes en el entrenamiento y las características del dolor. La exploración física confirma el diagnóstico en la mayoría de casos.
Las pruebas de imagen pueden ser necesarias para descartar otras patologías. La radiografía simple suele ser normal, aunque en casos de larga evolución puede mostrar cambios en el periostio. La resonancia magnética es la prueba más sensible para visualizar la inflamación del periostio y descartar fracturas por estrés u otras lesiones asociadas.
En mi práctica habitual registro toda esta información en DriCloud, lo que me permite hacer un seguimiento detallado de la evolución de cada paciente.
Tratamiento: paciencia y progresión
El tratamiento de la periostitis tibial requiere, ante todo, paciencia por parte del deportista. La clave está en reducir la carga que está produciendo la inflamación del periostio.
En la fase aguda recomiendo reposo relativo, lo que significa cesar la actividad que produce el dolor. Esto no implica inmovilización completa, sino sustituir temporalmente la carrera por actividades sin impacto como natación o ciclismo. La aplicación de hielo local varias veces al día ayuda a controlar la inflamación.
Los antiinflamatorios pueden ser útiles en fases iniciales para controlar el dolor y la inflamación, aunque insisto siempre en que no son la solución definitiva sino un complemento.
El tratamiento fisioterápico es fundamental. Incluye técnicas de terapia manual, estiramientos de la musculatura posterior de la pierna, fortalecimiento progresivo y corrección de desequilibrios musculares. En algunos casos utilizo ondas de choque extracorpóreas con buenos resultados.
Recuperación y vuelta al deporte
La vuelta a la actividad deportiva debe ser muy progresiva. Empezamos con actividades sin impacto, después introducimos ejercicios de impacto controlado y finalmente retomamos la carrera de forma gradual, aumentando el volumen e intensidad muy lentamente.
Es imprescindible identificar y corregir los factores que causaron la lesión. Esto puede incluir mejorar la técnica de carrera, cambiar el calzado deportivo, utilizar plantillas personalizadas si hay alteraciones biomecánicas o modificar las superficies de entrenamiento.
Cuándo debes consultar con un especialista
Recomiendo consultar si el dolor en la tibia persiste más de una o dos semanas a pesar del reposo, si el dolor es muy intenso o impide las actividades diarias, o si aparece hinchazón importante. También es importante descartar patología más grave si el dolor es muy localizado en un punto concreto o si aparece en reposo nocturno.
Recuerda que este artículo tiene carácter divulgativo y no sustituye la valoración por un especialista en traumatología o medicina deportiva, que podrá realizar un diagnóstico preciso y establecer el tratamiento más adecuado para tu caso particular.