La cirugía de prótesis de rodilla es uno de los procedimientos más frecuentes en traumatología y, sin duda, uno de los que genera más dudas entre los pacientes. En mi consulta veo a diario personas que han convivido con el dolor durante años y que finalmente se plantean dar el paso. Es normal tener incertidumbre ante una intervención de este tipo, por eso considero fundamental que conozcáis todo el proceso.
Cuándo se plantea una prótesis de rodilla
La principal indicación para colocar una prótesis de rodilla es la artrosis avanzada, es decir, el desgaste del cartílago articular que provoca dolor crónico y limitación funcional importante. No todas las artrosis necesitan cirugía. En mis pacientes planteo esta opción cuando el tratamiento conservador (medicación, infiltraciones, fisioterapia) ya no resulta efectivo y la calidad de vida se ve seriamente afectada.
Otros factores que considero son la dificultad para caminar distancias cortas, el dolor nocturno que impide descansar y la incapacidad para realizar actividades cotidianas básicas. La edad no es el único criterio: tengo pacientes de cincuenta años con indicación clara y otros de ochenta en los que valoramos opciones menos invasivas.
Preparación previa a la cirugía
Una vez decidida la intervención, la preparación es fundamental para el éxito del procedimiento. Realizo una valoración completa del estado de salud del paciente, solicitando análisis de sangre, electrocardiograma y radiografías actualizadas. En ocasiones necesitamos pruebas adicionales como una resonancia magnética para planificar mejor la cirugía.
Es importante optimizar cualquier condición médica preexistente: controlar bien la diabetes, ajustar la medicación para la tensión arterial o tratar una anemia si existe. También insisto en la importancia de bajar peso si hay sobrepeso significativo, ya que mejora los resultados y reduce complicaciones.
Recomiendo iniciar ejercicios de fortalecimiento del cuádriceps (el músculo frontal del muslo) antes de la operación. Un músculo fuerte facilita enormemente la recuperación posterior. En mi práctica, utilizo el software DriCloud para compartir con los pacientes las imágenes radiológicas y el plan quirúrgico personalizado, lo que ayuda a que comprendan mejor el procedimiento.
El procedimiento quirúrgico
La cirugía de prótesis de rodilla consiste en sustituir las superficies desgastadas de la articulación por componentes artificiales de metal y polietileno (un plástico médico especial muy resistente). El procedimiento dura habitualmente entre una hora y media y dos horas.
Se realiza con anestesia raquídea o epidural, aunque en algunos casos optamos por anestesia general según las características del paciente. Retiro las superficies óseas dañadas del fémur y la tibia, preparando el hueso para recibir los componentes protésicos. La rótula puede también recibir un componente de plástico si está muy desgastada.
Existen diferentes tipos de prótesis: totales, que sustituyen toda la articulación, o unicompartimentales, que reemplazan solo la parte interna o externa de la rodilla cuando el desgaste es localizado. La elección depende de cada caso particular.
Los primeros días tras la cirugía
El postoperatorio inmediato es crucial. Los pacientes permanecen hospitalizados normalmente entre dos y cuatro días. El control del dolor es prioritario: utilizamos protocolos de analgesia multimodal que combinan diferentes medicamentos para minimizar las molestias.
La rehabilitación comienza el mismo día de la cirugía o al siguiente. El fisioterapeuta ayuda al paciente a levantarse y dar los primeros pasos con ayudador o muletas. Sé que esto sorprende a muchos, pero la movilización precoz previene complicaciones como trombosis venosas y acelera la recuperación.
Durante la estancia hospitalaria trabajamos la flexión y extensión de la rodilla, el fortalecimiento muscular y la marcha. Al alta, la mayoría de pacientes caminan con ayuda y tienen un rango de movimiento funcional, aunque limitado todavía.
Recuperación en casa
Las primeras seis semanas son las más exigentes. Recomiendo continuar con fisioterapia intensiva, realizar los ejercicios domiciliarios pautados y caminar progresivamente distancias mayores. Es normal notar inflamación, algo de dolor y cierta rigidez matutina.
La mayoría de mis pacientes abandonan las muletas entre las cuatro y seis semanas. La conducción puede reanudarse alrededor de las seis semanas si la rodilla operada es la derecha y se ha recuperado el control muscular adecuado.
La recuperación completa es gradual. A los tres meses la mejora es evidente, pero el resultado definitivo lo valoramos al año de la cirugía. La paciencia es fundamental: cada persona tiene su ritmo.
Cuándo consultar con tu traumatólogo
Aunque las complicaciones no son frecuentes, debéis estar atentos a señales de alarma: fiebre, enrojecimiento intenso de la herida, supuración, dolor desproporcionado que no mejora con analgesia o hinchazón importante de la pierna. Ante cualquiera de estos síntomas, contactad inmediatamente con vuestro cirujano.
Las revisiones periódicas son importantes para seguir la evolución. Yo suelo ver a mis pacientes a las dos semanas, al mes y medio, a los tres meses y al año de la cirugía.
Recordad que este artículo tiene carácter divulgativo y no sustituye una consulta médica personalizada. Cada caso es único y requiere valoración individualizada por un especialista en traumatología.