La escoliosis es una desviación lateral de la columna vertebral que, vista desde atrás, adopta forma de "C" o de "S" en lugar de mantenerse recta. En mi consulta veo con frecuencia a padres preocupados porque han notado que el hombro o la cadera de su hijo adolescente está más alto de un lado, o porque en la revisión escolar les han comentado algo sobre la postura de la espalda.
Es importante saber que no todas las escoliosis son iguales ni requieren el mismo abordaje. La gran mayoría de los casos en adolescentes corresponden a lo que llamamos escoliosis idiopática del adolescente, es decir, una desviación de la columna cuya causa exacta no conocemos y que aparece durante el periodo de crecimiento.
Cuándo debemos preocuparnos
La primera pregunta que me hacen los padres es siempre la misma: ¿es grave? La respuesta depende fundamentalmente de tres factores: el grado de curvatura, la edad del paciente y si la columna todavía está en fase de crecimiento.
Las curvaturas leves, por debajo de 10 grados, son muy frecuentes y en realidad no constituyen una escoliosis como tal. Entre 10 y 25 grados hablamos de escoliosis leve, que generalmente solo requiere vigilancia. A partir de 25 grados ya necesitamos valorar opciones de tratamiento activo.
El momento de mayor riesgo es cuando la escoliosis aparece en un adolescente que todavía tiene varios años de crecimiento por delante. Durante los estirones propios de la pubertad, las curvas pueden progresar con rapidez, lo que hace fundamental el seguimiento estrecho.
Signos que los padres pueden observar
En casa, hay algunos signos que pueden alertarnos de una posible escoliosis:
- Un hombro más alto que el otro
- Un omóplato más prominente
- La cintura asimétrica, con más espacio entre el brazo y el tronco en un lado
- Una cadera más elevada que la otra
- Inclinación de todo el cuerpo hacia un lado
- Cuando el adolescente se inclina hacia delante, aparece una prominencia en un lado de la espalda (giba costal)
Es importante destacar que la escoliosis idiopática del adolescente no produce dolor en la mayoría de los casos. Si hay dolor significativo, debemos investigar otras posibles causas.
El diagnóstico en consulta
Cuando recibo a un adolescente con sospecha de escoliosis, realizo una exploración física completa que incluye la valoración de la simetría de hombros, escápulas y caderas, así como el test de Adams. Este último consiste en pedir al paciente que se incline hacia delante con las rodillas estiradas y los brazos colgando. Desde atrás podemos observar si existe una prominencia asimétrica en la espalda.
Para confirmar el diagnóstico y medir con precisión el grado de curvatura necesitamos una radiografía de toda la columna de pie. En estas imágenes medimos el ángulo de Cobb, que es el parámetro estándar para cuantificar la escoliosis.
También valoramos la madurez esquelética del paciente, habitualmente mediante el signo de Risser en la radiografía de pelvis, que nos indica cuánto crecimiento le queda. Esta información es crucial para predecir el riesgo de progresión de la curva.
Opciones de tratamiento
El tratamiento de la escoliosis en adolescentes varía según la severidad:
Observación: Las curvas pequeñas, especialmente en pacientes que ya han completado la mayor parte del crecimiento, solo requieren revisiones periódicas con exploración física y radiografías para asegurar que no progresan.
Corsé ortopédico: Para curvas entre 25 y 45 grados en pacientes que todavía están creciendo, el corsé es el tratamiento de elección. Aunque puede parecer un tratamiento anticuado, sigue siendo muy eficaz para frenar la progresión de la curva. Los corsés modernos son mucho más discretos y cómodos que los antiguos. En mi consulta utilizo software como DriCloud que me permite hacer un seguimiento detallado de cada paciente y ajustar el tratamiento según la evolución.
Cirugía: Se reserva para curvas superiores a 45-50 grados o para casos que progresan a pesar del corsé. La intervención consiste en fusionar las vértebras afectadas mediante instrumentación metálica, corrigiendo la deformidad.
El papel del ejercicio
Aunque el ejercicio por sí solo no corrige una escoliosis establecida, sí que es beneficioso. Los programas de fisioterapia específicos, especialmente métodos como Schroth, pueden ayudar a mejorar la postura, la musculatura y la conciencia corporal del adolescente.
Es importante que los jóvenes con escoliosis no limiten su actividad física. Pueden y deben hacer deporte, incluso mientras llevan corsé.
Cuándo consultar con un especialista
Recomiendo consultar si observáis cualquiera de los signos mencionados anteriormente. Es mejor una valoración que descarte problemas que dejar pasar una escoliosis que podría beneficiarse de tratamiento precoz.
También es fundamental acudir si una escoliosis ya diagnosticada se acompaña de dolor intenso, debilidad en las piernas o alteraciones en el control de esfínteres, ya que estos síntomas podrían indicar complicaciones que requieren atención urgente.
Recuerda que este artículo tiene carácter divulgativo y no sustituye una consulta con un especialista en traumatología o cirugía de columna, quien podrá valorar cada caso de forma individualizada.