La osteoporosis es una enfermedad que debilita progresivamente los huesos, haciéndolos más frágiles y susceptibles a las fracturas. En mi consulta veo con frecuencia pacientes que sufren fracturas por fragilidad, es decir, fracturas que ocurren tras caídas desde la propia altura o incluso sin traumatismo aparente. Lo preocupante es que muchas de estas fracturas podrían haberse evitado con medidas preventivas adecuadas.
A partir de los 50 años, especialmente en mujeres tras la menopausia, la pérdida de masa ósea se acelera significativamente. Esta pérdida de densidad mineral hace que los huesos se vuelvan porosos, como una esponja, de ahí el nombre de la enfermedad. El problema es que la osteoporosis no duele ni da síntomas hasta que se produce una fractura, por eso la llamo la enfermedad silenciosa del hueso.
Las fracturas más frecuentes por osteoporosis
Existen tres localizaciones principales donde veo fracturas por fragilidad ósea de manera habitual:
- Fractura de cadera: es la más grave por sus consecuencias. Requiere cirugía en la mayoría de casos y puede comprometer seriamente la autonomía del paciente.
- Fractura vertebral: puede pasar desapercibida o manifestarse como dolor de espalda. Las fracturas vertebrales múltiples provocan la característica pérdida de altura y joroba.
- Fractura de muñeca: típicamente ocurre al apoyar la mano en una caída. Aunque menos grave, indica que el hueso ya está debilitado.
Lo importante es entender que la primera fractura es una señal de alarma. Los pacientes que han sufrido una fractura por fragilidad tienen un riesgo muy aumentado de sufrir nuevas fracturas si no se toman medidas.
Identificar el riesgo antes de la fractura
La prevención empieza por identificar quién tiene mayor riesgo de desarrollar osteoporosis. En mi práctica clínica considero factores como:
- Edad superior a 50 años, especialmente en mujeres posmenopáusicas
- Antecedentes familiares de osteoporosis o fracturas por fragilidad
- Constitución delgada o peso corporal bajo
- Uso prolongado de corticoides
- Tabaquismo y consumo excesivo de alcohol
- Sedentarismo
- Menopausia precoz
- Ciertas enfermedades como artritis reumatoide o enfermedad celíaca
Diagnóstico: la densitometría ósea
La prueba fundamental para diagnosticar la osteoporosis es la densitometría ósea o DEXA. Se trata de una radiografía especial que mide la densidad mineral del hueso, habitualmente en columna lumbar y cadera. Es una prueba rápida, indolora y con mínima radiación.
El resultado se expresa mediante un valor llamado T-score, que compara tu densidad ósea con la de una persona joven sana. Cuando este valor está por debajo de cierto umbral, se diagnostica osteoporosis. Recomiendo esta prueba a todas las mujeres a partir de los 65 años y a los hombres a partir de los 70, aunque puede ser necesaria antes si existen factores de riesgo.
Prevención: medidas que funcionan
La buena noticia es que podemos hacer mucho para prevenir las fracturas. Insisto siempre en estas medidas a mis pacientes:
Calcio y vitamina D: el hueso necesita calcio para mantenerse fuerte, y la vitamina D es esencial para absorber ese calcio. Recomiendo asegurar una ingesta adecuada mediante la dieta (lácteos, pescado azul, frutos secos) y, si es necesario, mediante suplementos.
Ejercicio físico: el ejercicio con carga de peso (caminar, bailar, subir escaleras) y los ejercicios de fuerza ayudan a mantener la densidad ósea. Además, mejoran el equilibrio y la coordinación, reduciendo el riesgo de caídas.
Evitar tóxicos: el tabaco y el alcohol en exceso perjudican gravemente la salud ósea.
Prevención de caídas: adaptar el domicilio eliminando alfombras, mejorando la iluminación, instalando asideros en el baño, puede evitar fracturas.
Tratamiento farmacológico
Cuando la densitometría confirma osteoporosis, o cuando ya ha ocurrido una fractura por fragilidad, suele ser necesario iniciar tratamiento farmacológico. Existen varios medicamentos efectivos que frenan la pérdida de hueso o incluso ayudan a formar hueso nuevo.
En consulta utilizo el software médico DriCloud para hacer seguimiento de estos tratamientos y controlar la adherencia, algo fundamental porque muchos de estos fármacos requieren tomarlos durante años para ser efectivos.
Los tratamientos más habituales incluyen bifosfonatos, denosumab, raloxifeno y, en casos seleccionados, medicamentos formadores de hueso como teriparatida. La elección depende de cada paciente, su situación clínica y sus preferencias.
Cuándo consultar con el especialista
Te recomiendo consultar si tienes más de 50 años y presentas factores de riesgo, si has sufrido una fractura con traumatismo mínimo, si has perdido altura de forma notable o si tienes antecedentes familiares importantes de osteoporosis.
Recuerda que este artículo tiene finalidad divulgativa y no sustituye la valoración individualizada por un especialista. La prevención de las fracturas por osteoporosis es posible, pero requiere un enfoque personalizado y mantenido en el tiempo.