Artrosis de rodilla: tratamientos actuales antes de la prótesis

La artrosis de rodilla es una de las patologías que veo con mayor frecuencia en mi consulta. Muchos pacientes llegan preocupados pensando que la única solución es la prótesis, pero la realidad es muy diferente. Existe un amplio abanico de opciones terapéuticas que pueden mejorar significativamente la calidad de vida y retrasar, o incluso evitar en algunos casos, la necesidad de una cirugía mayor.

La artrosis es el desgaste progresivo del cartílago articular, ese tejido liso que recubre los extremos de los huesos y permite que la rodilla se mueva sin fricción. Cuando este cartílago se deteriora, los huesos rozan entre sí provocando dolor, inflamación y limitación funcional.

¿Cuándo empezar a preocuparse?

Los síntomas iniciales de la artrosis de rodilla suelen ser sutiles. En mi experiencia, los pacientes describen:

  • Dolor al iniciar la marcha tras estar sentado (dolor "en frío")
  • Rigidez matutina que mejora con el movimiento
  • Molestias al subir o bajar escaleras
  • Sensación de crujidos o chasquidos en la rodilla
  • Inflamación ocasional, especialmente tras esfuerzos
  • Dificultad progresiva para agacharse o arrodillarse

Si experimentas estos síntomas de forma persistente durante más de dos o tres meses, es momento de consultar con un especialista en traumatología.

El diagnóstico: más allá de la radiografía

El diagnóstico de la artrosis de rodilla combina la exploración física con pruebas de imagen. Durante la consulta, evalúo la movilidad articular, la presencia de derrame (líquido en la articulación), la alineación de la extremidad y posibles deformidades.

La radiografía simple sigue siendo fundamental, mostrando el estrechamiento del espacio articular, los osteofitos (picos de hueso) y la esclerosis ósea (endurecimiento del hueso bajo el cartílago). En ocasiones solicito una resonancia magnética para valorar el estado del cartílago con mayor precisión y descartar lesiones asociadas del menisco o ligamentos.

Para organizar toda esta información y hacer un seguimiento detallado de cada paciente, en mi consulta utilizo el software médico DriCloud, que me permite tener un registro completo de la evolución y los tratamientos aplicados.

Tratamientos conservadores: la primera línea

Antes de plantear cualquier procedimiento invasivo, los tratamientos conservadores son imprescindibles y, en muchos casos, suficientes para controlar los síntomas.

Modificación de la actividad física: No se trata de dejar de moverse, sino de hacerlo de forma inteligente. Sustituir actividades de alto impacto (correr, saltar) por otras como natación, bicicleta o elíptica reduce la sobrecarga articular.

Control del peso: Cada kilogramo de más supone entre 3 y 4 kilos adicionales de presión sobre la rodilla al caminar. La pérdida de peso, aunque sea moderada, tiene un impacto muy positivo.

Fisioterapia y ejercicio terapéutico: Fortalecer la musculatura del muslo (cuádriceps e isquiotibiales) es fundamental. Un músculo fuerte protege la articulación y reduce el dolor. Los ejercicios de propiocepción (equilibrio) también mejoran la estabilidad.

Medicación: Los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) como el ibuprofeno controlan el dolor y la inflamación en fases agudas. El paracetamol es útil para el dolor leve. En algunos casos prescribo condroprotectores (condroitín sulfato, glucosamina), aunque su eficacia es variable según el paciente.

Infiltraciones: un recurso efectivo

Cuando los tratamientos conservadores no son suficientes, las infiltraciones representan una opción muy valiosa antes de la cirugía.

Ácido hialurónico: Actúa como lubricante articular, mejorando la viscosidad del líquido sinovial. Suelo recomendar ciclos de una a tres inyecciones separadas por una semana. El efecto puede durar entre 6 y 12 meses.

Corticoides: Son antiinflamatorios potentes, muy efectivos en brotes agudos con derrame articular. Proporcionan alivio rápido pero su efecto es más limitado en el tiempo.

Plasma rico en plaquetas (PRP): Se obtiene de la propia sangre del paciente y contiene factores de crecimiento que pueden estimular la regeneración tisular. Los resultados son prometedores en artrosis leve a moderada.

Tratamientos quirúrgicos mínimamente invasivos

Cuando la artrosis es moderada y afecta solo a un compartimento de la rodilla, existen opciones quirúrgicas menos agresivas que la prótesis total.

Artroscopia: Mediante pequeñas incisiones, puedo limpiar la articulación, retirar fragmentos de cartílago sueltos o regularizar lesiones meniscales degenerativas. No frena la artrosis, pero mejora los síntomas mecánicos.

Osteotomía: Consiste en cortar y realinear el hueso para redistribuir las cargas hacia las zonas menos desgastadas. Es una excelente opción en pacientes jóvenes y activos con artrosis unicompartimental.

¿Cuándo plantear la prótesis?

La prótesis de rodilla es un tratamiento excelente, pero debe reservarse para cuando los demás tratamientos han fracasado y el dolor o la limitación funcional afectan significativamente a la calidad de vida. No existe una edad ideal, sino un momento adecuado para cada paciente.

Recuerda que este artículo tiene finalidad divulgativa y no sustituye una consulta presencial. Cada rodilla es diferente, y el tratamiento debe individualizarse según tus características, edad, actividad y grado de artrosis. Si tienes molestias en la rodilla, no dudes en consultar con un especialista en traumatología para establecer el mejor plan terapéutico.